El taller de cerámica es un sitio maravilloso, donde una bola de barro se puede transformar de manera infinita.
Rápidamente descubres que tiene muchos detalles que la hacen divertida y relajante, entre ellos, jugar con la imperfección de las formas. La mejor manera de empezar y aprender a hacer cerámica es dejarse llevar, y valorar lo bonito de lo irregular, lo diferente y lo imperfecto.
Es una técnica que requiere tiempo y paciencia. Es volver a los procesos lentos, donde hay que esperar un poco para disfrutar del resultado. Eso es lo que hace que sea tan asombroso ver y sentir la transformación de los materiales en el taller.